Pero hay veces que hacemos las cosas sin entender muy bien el motivo.
Pasan. Se hacen. Y ya no hay vuelta atrás.
Como los e-mails para desearte Feliz Navidad (que nunca recibirás),
o todos los mensajes que nunca escribí para contarte
que el otro día en el autobús de vuelta a casa un niño sonreía como tú,
y todas esas veces que he querido llamarte para contarte
que tenía tanto frío que no sentía la nariz,
o que te hechaba tanto de menos que se me acababan las palabras,
o porque sí...
-Una de las grandes razones de la humanidad, ya sabes...-
Si fuera cualquier otra persona me habría cansado de esperarte.
Pero no lo soy.
Gracias por estar,
aunque sea de lejos...
Pasan. Se hacen. Y ya no hay vuelta atrás.
Como los e-mails para desearte Feliz Navidad (que nunca recibirás),
o todos los mensajes que nunca escribí para contarte
que el otro día en el autobús de vuelta a casa un niño sonreía como tú,
y todas esas veces que he querido llamarte para contarte
que tenía tanto frío que no sentía la nariz,
o que te hechaba tanto de menos que se me acababan las palabras,
o porque sí...
-Una de las grandes razones de la humanidad, ya sabes...-
Si fuera cualquier otra persona me habría cansado de esperarte.
Pero no lo soy.
Gracias por estar,
aunque sea de lejos...









